lunes, 23 de enero de 2012

Joder, que feliz me siento.

Soy así todos los días. Empezando por la mañana, siempre lo mismo, bajo a verte y me tengo que contener las ganas de darte los buenos días como Dios manda. Luego me pones esa carita irresistible y es que, te lo juro, no puedo, tú ganas. Y te beso como si no lo hubiera hecho en cien años. En las tardes hago malabares para escaparme e ir a verte aunque sea 10 minutos. Que sí, que es poco tiempo, pero tengo un don para congelar las agujas del reloj y hacer que se conviertan en horas. Me encanta estar a solas para decirte que te quiero más que tú a mí, pececito. Y llega la noche y espero a que el LED parpadee y por supuesto seas tú, recordándome que soy una tonta y una rara. Que me da igual, por ti soy lo que tú quieras que sea. Me ducho a la velocidad de la luz para evitar echarte de menos y poder seguir hablando. Con los auriculares puestos. Esa canción tan mágica que me trae recuerdos tan buenos, y la nueva, que me ha hecho volver a conocerte. Y te lo juro, encantadísima estoy de haberte vuelto a conocer. Llegan las doce y media y empezamos a despedirnos un cuarto de hora antes. Nos da por pensar, si antes nos dormimos, antes llega el nuevo día, ¿no? Pues genial, me despido recordándote que eres la única que me hace sentir así. Que quizá no lo escriba con estas palabras, pero aunque sean dos puntitos y un paréntesis significan eso. Y así acaba un día perfecto, un día más a tu lado. Tumbada en la cama, escuchando todas las pistas que marcaron esos momentos, pensando en ti. ¿Sabes qué? No sé, pero la letra de las canciones entran por mis tímpanos y me calan tan dentro, que puedo sentir la suavidad de tus labios rozando los míos. Y es ahí cuando me quedo dormida y viajo a ese mundo donde tú me esperas y podemos ser sólo nosotras sin tener que escondernos ni dar explicaciones a nadie. (L)

No hay comentarios:

Publicar un comentario