Después de casi un mes sin escribir nada, porque nada de lo que me pasa lo consideraba interesante, llega anoche y me deja sin palabras. Otra vez, la persona que creía que sería muy buena opción para tenerla a mi lado, se ha ido. Otra vez, la culpa tiene que ser mía, que soy la mala malísima. Los cojones.
¿El por qué? Pues ni idea, y con alguna que otra rondándome la cabeza. Pero sinceramente paso de buscarle la quinta pata al gato, está claro que por mucho tiempo que pase no vas a madurar nunca; vives en un mundo tan irreal que soy incapaz de entenderlo. Y ahí te dejo, con tus sentimientos abstractos, tu puñetera sonrisa, tu nublo en la cabeza... en fin y etcétera.
Que sí, que vale, me he pasado la semana de un pasotismo increíble que se acentúa demasiado porque estabas tan acostumbrada a que fuera yo la que iba detrás como rogando. Pero mis motivos tendría. Y no te lo voy a decir, porque básicamente mi vida es la que menos te interesa, y yo no gano nada dando la tabarra.
Un consejo: piensa las cosas dos veces, o mejor, ni te las plantees.
Unfollow you.
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