¿Sabes cuántos cigarros llevaban tu nombre? Sí, tú nombre. Porque estar contigo era el puto deseo que pedía siempre. Pero claro, a mí nadie me dijo que los imposibles, por mucho empeño que les pongas, no se consiguen. Ahora, dime tú qué deseo pido, si no quiero otra cosa mas que estar contigo. Y sí, venga, ya que estoy, lo admito, te echo de menos. Que aunque no te ame sobre todas las cosas, pues ya eso se acabó... sí me gustaría pasar contigo un día entero y que me cuentes cómo te va. Porque sé, que tú, como yo, has olvidado aquello que sentía, y la verdad, lo prefiero así. Sigamos ignorando que algún día estuve a punto de perder la cabeza por ti, pero no ignores que me importas todavía.

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