Ha sido el año de los errores y de los arrepentimientos, por excelencia. Empezó con un error, muy gordo, evitable, absurdo, un sin fin de adjetivos del estilo que lo describirían perfectamente. A raíz de ..eso.. perdí a casi todas las personas que son imprescindibles en mi día a día.
Seguí equivocándome. Llegó marzo y, otro error como un templo se sumaba a la lista. Sí, ese error eres tú, yo, y lo que fuimos durante poco tiempo (menos mal).
Después vino mayo, y con la llegada del calorcito un rayito de luz empieza a darle sentido a esto. Londres, 3 días en Londres que fueron, sin duda, lo mejor que me ha pasado nunca. Los repetiría con las mismas personas, ni una más, y con muchas menos.
Junio, adiós a las cadenas que me ataban a ese engendro. Y volví a caer en brazos que echaba de menos.
Los meses de verano volvieron a ser un caos. Peleas por todo y por nada. Errores, y cada vez más errores. Y llega Octubre y es cuando me doy cuenta, después de 10 meses, de que soy GILIPOLLAS.
Ése momento me sirvió de aviso, para espabilar. Reaccioné para no hacerle daño, y me gané su perdón que no merezco, pero ahí lo tengo. Y fue ahí, cuando me di cuenta de quienes son las personas verdaderamente importantes. Llegaron las reconciliaciones, y de nuevo el rayo de luz volvía a asomar.
Los meses de invierno, hasta hace menos de una semana, no han tenido sentido. Pero... eso que digo, hace unos días que, siento... algo, no sé como llamarlo pero... después de tanto tiempo intentando sentir lo mínimo, una llama, pequeña, de ilusión, o no sé qué cosa, ha nacido y... está alterándome, de tal manera que, no sé cómo explicarlo... pero me gusta, y me gusta mucho.
























